Crónicas Marcianas - por Marcia Lo Feudo

RESILIENTE (DESDE MI POZO CON VENTILUZ)

 

 

 

El término resiliencia se refiere a la capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y traumas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por éstos. El concepto de resiliencia se corresponde aproximadamente con el término «entereza»

 

     

          Quien esté libre de trauma que tire la primera carilina, todos somos resilientes de alguna u otra manera, todos hemos caído alguna vez en el fango más pantanoso para luego emerger, purificados, renacidos, dispuestos nuevamente a dejarnos sorprender por los milagros al alcance de la mano.

           

      

          Todos tenemos esa capacidad, esa fuerza interna, ese manantial de energía esperando brotar por cualquier herida abierta, por cualquier mueca de incertidumbre, por cualquier hendijita de vida.

 

           

          Pero hablar de “todos” a veces parece no hablar de nadie. Y para ser más clara, hablaré de mí, como en tantas otras oportunidades, no porque soy ególatra ni reiterativa, si no porque soy la persona que más conozco en el mundo, y soy la persona que siempre está conmigo y que sabe, que sabe…

 

 

         Yo me he querido sacar de encima a esta vida como quien se sacude la tierra del pantalón, de varias maneras, todos intentos desesperados por apagarme, querer dormirme para siempre, desaparecer y ser olvidada rápidamente, para que no quedaran registros de mi paso por este mundo absurdo. Esos momentos en que uno no encuentra ni un motivo, ninguna atadura, ninguna misión. Esos momentos en que uno no se siente amado, ni necesitado, que es una partecita que no encaja en ningún sitio, en ningún huequito de hombro, en ninguna foto feliz. Que ha intentado, puesta toda su voluntad y empeño pero que ya todo es vano, inútil.

 

 

         Entonces una quiere borrarse de un plumazo, tacharse, salirse, “PIDO”, basta para mí, me bajo en la próxima, como si uno fuera un regalo desubicado, no deseado, una plantita sin raíz, una semillita arrojada al viento y que no encuentra su espacio, su lugar para echarse a crecer.

 

 

         Y lo hace, de la peor manera, lacerándose por dentro, por fuera, odiándose, escupiéndose frente al espejo, tragando pastillitas de Bella Durmiente para no sentir, clavándose la espada de Damocles una y otra vez, viéndose sangrar, por dentro, por fuera, dejándose correr, arroyito triste entre los azulejos, vaciándose de vida, de ilusiones, de amores. Perdiéndome, diciéndome adiós. Una misma la que se contempla partir desde el puerto, con el pañuelito en la mano, llorando lágrimas de viento, cerrando los ojos por última vez para no ver, para no sufrir nunca más.

 

 

         Pero, de pronto, algo te despierta, tu pecho es como una palomita encerrada que empieza a picotearte por dentro para poder quebrar el cascarón, te hace cosquillas, te enciende de brillo, te pide permiso para salir, susurrándote al oído todo lo bonito, todo eso que habías olvidado o que te habías negado a percibir, esos motivos simples por los cuales seguir intentando: un rayito de sol, el sabor de un té, la risa de un amigo, las manos de mamá, la palabra de papá, la magia de los sueños, la sabiduría del silencio, el sosiego de una tardecita de primavera en un patio, la inextinguible fuerza del amor que se percibe en cada gesto amable, en cada acción desinteresada, en cada sonrisa gratis, las alas de los abrazos, la pureza natural de los niños, la belleza restauradora del arte, el milagro de aquella florcita que parecía seca, pero que empieza a brotar sin que la hayamos regado, explota tímida pero colorida, deja ver su interior iridiscente, se expone, da color, vive.

 

 

         Todos somos anti-héroes y anti-heroínas de nuestra propia historia, pero allí se esconde lo interesante, lo rico, lo desafiante. Y nunca olvidarnos del juego. En inglés PLAY significa eso: juego. Pues bien, démosle PLAY ahora, a jugar se ha dicho, a descalzarse, a tirarse al piso y a jugar con la piedrita como si fuera una nave especial, a jugar como si todo fuera posible, como si todo aquello que tenemos alrededor, al alcance de nuestras manos, de nuestros ojos, fuera creado para darnos alegría y sentido.

 

 

         En la película “La invención de Hugo Cabret”, el protagonista, un niño huérfano que vive entre los mecanismos de un reloj de la estación de trenes, comenta que cada artefacto para armar viene con las piezas exactas, ni una de más, ni una de menos, compara esto con el mundo, con la humanidad, con la misión de cada persona para componer este engranaje tan complejo y diverso.

 

 

         Mis queridos lectores, dos, tres o cien, no importa en nada el número, hemos llegado al fin de esta etapa de las Crónicas Marcianas, como siempre he tratado de desnudarme para llegarles lo más cerquita posible, para que me sientan ahí, para que –de alguna manera- tanto ustedes, como yo, nos sintamos comprendidos, acompañados, afines. Sé que mis lectores también son sobrevivientes, luchadores, obstinados como yo, sé que más de una vez se han deshecho en millones de piezas, pero que con paciencia se han vuelto a armar, para que ninguna parte quede suelta, para que todo siga andando.

 

 

         Los saludo a cada uno desde aquí, desde donde siempre escribo, desde mi ciénaga con olor a fruta recién abierta, desde mi pozo con ventiluz, desde mi barquito de papel a la deriva pero al aire libre, desde el principio de un arco iris en blanco y negro, que de a poquito estoy aprendiendo a colorear.

 

¡Los quiero!

   

 

 

            Marcia Lo Feudo

Contacto: www.marcialofeudo.com.ar

Ph: Loruhama Teruya Rossi

 

 

Agradecemos a Mundo Feliz: San Martín 1300- Luján- 02323-15-678498

 

 

 

 

 

 

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