Crónicas Marcianas - por Marcia Lo Feudo

SOY SOLA (BALADA PARA UNA MISMA)

 

 

 

Tan sola que en mi casa hay dos sillas, y estoy pensando donar una de ellas al ejército de salvación, y de paso sentarme en esa silla así me llevan con ellos y ya que están me salvan…si fuera posible, claro. Tan sola que en mi casa tengo solo un individual, valga la redundancia. ¿Cuánto vale esta redundancia? Muy poco, seguro.

     

          Tan sola que duermo en un somier de plaza y media y siento el vacío de esa media plaza (media plaza, ni siquiera una entera, supongo que en una media plaza no hay hamacas o hay hamacas a medio hacer, y toboganes que tienen escalerita para escalar pero no hay nada para deslizarse, o subeybajas que solo suben o solo bajan, una placita muy triste sería) entonces pongo una almohada o un par de medias, para que valga la redundancia de una vez, y si vale mucho, me guardo la recaudación abajo del colchón de plaza y media.

           

      

          Tan sola que en el espejo de mi baño entra una sola cara por vez, ni siquiera puedo jugar a las gemelas, estoy solo yo y mi reflejo, mi reflejo está tan solo como yo, solo que está atrapado, yo creo que si alguien le da una oportunidad, si le hacen un lugar, o unos agujeritos como a los pollitos en las cajas, quiero decir que mi reflejo liberado tendría mucha más vida social que su dueña, lo invitarían a reuniones, bailes y todo tipo de ágapes.

 

           

          Tan sola que estoy pensando en ser bipolar, para tener una segunda opinión, o una hermana loca pero inimputable y querible, o esquizofrenia, para que seamos varios dentro de este cuerpo, para que no me aburra más de mí, para charlar, para ser escuchada, para que me amen sin necesidad de salir de casa.

 

         

         

Tan sola que cuando me compro un Dos Corazones, primero pienso: ¿De dónde sacan estas poesías tan estúpidas? y segundo: me sobra un corazón. Me da un poco de miedo tomar esta afirmación demasiado literal. Porque si me sobra un corazón, quiere decir que no siento nada, que mi corazón no palpita, no llora, que no sirve. Que estoy hueca. Aunque me gustaría ser una desalmada porque las cosas me resbalarían como si estuviera forrada en teflón. Pero a mí las cosas no me resbalan, todo lo contrario, las cosas se me incrustan, se me adhieren como abrojos, como chinches, como dardos, y cuando se me despegan por el paso del tiempo, por la erosión o el tedio, me quedan las marcas, las huellas de todo eso que me hirió en algún momento, sí, yo tengo un corazón que se me sale por cada agujerito sufriente.

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          Tan sola que hablo sola. No sé a quién le hablo, porque adentro de mí me hablo todo el tiempo, pero a veces las palabras se me sueltan como afirmando alguna cosa, diciéndome lo que tengo que hacer, alentándome, castigándome, como una especie de celadora de mí misma, de profesora, de confidente, de compañera de cuarto que me impulsa, que me hostiga, que me compadece. Hablo sola, sola y con las cacerolas,  sola y con las sábanas, sola y con la radio, sola y con la pantalla, sola y con los roperos, sola y con las lámparas, sola y con las hojas de los libros, y cuando me escucho, es como si fuera un eco pero vacuo, una voz saliendo de un vasito de plástico atado a un cordón y en la orilla, atada está mi alma, mi conciencia, mi mente, como el reflejo cegador del mediodía sobre el mar.

 

 

         

           Tan sola que leo en voz alta, yo soy mi propia madre. Vibran las palabras en el aire denso de mi habitación, flotan desnudas, luego se evaporan, las paredes pentagramas de una música instantánea que nadie oye salvo yo misma, una sinfonía que permanece unos instantes, dicha por una misma boca, rescatada por unos mismos ojos, mientras una misma mano acaricia página por página, como si fueran besos tomando la fiebre en la frente, o dedos entre los cabellos de una niña.

 

 

 

            Tan sola que ni siquiera juego al solitario porque sé que me haría trampa para ganar siempre. Y si me hago trampa, si me gano siempre a mí misma, también una parte de mí estaría perdiendo y no soportaría perder nada más.

 

 

 

            Tan sola que cuando me falta cariño, me abrazo, me consuelo, me toco, pero mis manos no alcanzan, mis brazos no me dan toda la vuelta, no son de elástico, ni desplegables, ni articulados, entonces me siento más sola aún e incompleta.

 

 

 

            Tengo sueños en blanco y negro, como los perros, ni en mis sueños cumplo mis sueños, pienso porque soy demasiado cobarde o porque ni siquiera sé cómo soñar.

 

 

 

            A veces también me abandona mi sombra. Está harta ya de mí y de mi soliloquio constante, mi mantra deprimente, mi horóscopo ficticio, mi balada para mí misma, entonces decide hacerse la valija y fugarse, plantar un boquete y atravesarme como si fuera un fantasma o una pared húmeda. Cuando ando sin sombra, soy un colmo que vaga por calles desiertas, avenidas anchas, playas sin arena.

 

 

 

            Tan sola que en el diccionario al lado de la palabra soledad pondrán mi foto y seguro saldrá velada. Eso soy, una foto velada.

 

 

 

            Tan sola que cuando sienta agonizar, me arrastraré hacia el océano como un caracol, reptando sobre mis propios líquidos exangües, sobre mis restos, y allí descansaré para siempre formando parte de una inmensidad anónima y cruel llamada OLVIDO.

 

 

 

 

            Marcia Lo Feudo

Contacto: www.marcialofeudo.com.ar

Ph: Loruhama Teruya Rossi

 

 

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