Crónicas Marcianas - por Marcia Lo Feudo

DÍA DE LA MUJER

HERMENEGILDA DICE…

 

     El 8 de marzo se ha conmemorado, como todos los años, el Día Internacional de La Mujer. Es satisfactorio percibir que –de a poco- se están abriendo las cabezas, que las mujeres estamos logrando acceder al mundo desde la igualdad de condiciones, y el respeto por nuestros derechos. Y aunque todavía existen hombres dinosaurios que ni siquiera dicen “feliz día” argumentando que “tendría que haber un día del hombre, que las mujeres tienen cinco días al mes y encima uno en el año” y tantas otras afirmaciones nefastas; las mujeres sabemos que este día nos corresponde porque solo una mujer SABE lo que ser mujer significa en toda la amplitud, dolor, padecimiento, lucha, legado, estigma y don que contiene esa maravillosa palabra de cinco letras.

 

     Y sí, las damas tenemos derechos, que todo el mundo –inclusive nosotras mismas- debemos respetar. Igualdad de oportunidades, libertad de elección, respeto, cuidado, acceso a la salud, al estudio, a llevar una vida plena en todos los sentidos, y entre muchos, muchos otros, el derecho a ser amada, el derecho a ser bien amada. Y aquí estaciono, y me pregunto ¿qué es ser bien amada? ¿Que me quieran bien o que me quieran como pueden? ¿Que me quieran o que me deseen? ¿Que me deseen o que me tengan? ¿Que me tengan o que me usen? ¿Que me usen o que me exhiban? ¿Que me exhiban o que me amen?

 

     Es popularmente sabido que las mujeres tenemos fama de histéricas y gata floras (condiciones que se están extendiendo al género masculino)  Que cuando estamos solas, y aunque declaramos cada vez que podemos “mejor sola que mal acompañada” necesitamos estar con alguien, gustar, seducir, darnos cuenta de que podemos ser objeto de deseo para el macho. Y bueno, escribí objeto de deseo, peligroso ser objeto, sería mejor ser sujeto de deseo… Pasa que nosotras nos sabemos lindas cuando hay alguien que nos lo dice, sabemos que existimos cuando hay alguien que nos declara “sin vos yo no sé qué haría”. Estamos acostumbradas a relaciones de dependencia, de generar nuevas necesidades, nuevos vacíos en nosotras para poder encontrar ese hombre que nos complete, que cubra los baches existentes y creados artificialmente (como pasa con el mercado de la publicidad) ¿Entonces qué queremos? Ser bien amadas. Mimadas, queridas, atendidas, respetadas, admiradas, acompañadas. Pero que no me asfixie, pero que no me someta, pero que me deje espacio, pero que me deje ser, que me de libertad, que no me cuestione, que me ame por lo que soy, por lo que seré, por la niña que fui, por la señora que llegaré a ser, por mis fracasos y mis logros, en la salud y en la enfermedad… Hasta que la muerte nos separe…Uf, qué embole.

 

     ¿Qué es lo que ellas quieren? Meter todos los gatos en una misma bolsa (perdón por la palabra gato tan vapuleada en nuestra cotidianeidad) sería algo erróneo. Vamos a hablar de una en particular, una que conozco mucho. Se llama Hermenegilda. Ella está conociendo a un hombre, en esa maravillosa etapa de los primeros encuentros, de los primeros besos, de los primeros abrazos de madrugada, de mirarse a los ojos y buscarse en el otro, de fallecer extenuada pero feliz sobre un torso. Ella sabe que, como tiene más de treinta, se puede sentir dichosa por el solo hecho de que un ejemplar del sexo opuesto se halla fijado en ella, que done su tiempo valioso en pasar las noches (hasta ahora) adherido a ella. O sea, que no puede pedir más, porque si pide más y si no viene, va a volver a sentir el frío, el sufrimiento. Ella ha aprendido que no hay que enamorarse de una noche para la otra, porque no se puede hoy en día poner esa energía ahí, cuando hay que trabajar para cubrir las necesidades básicas: comer, dormir, vestimenta, educación, techo, higiene. ¿Y el amor? Parece que no es una necesidad básica, sería un manjar, un beneficio de élite, como esas ciudades que vienen con WIFI, algo así, exclusivo. Pero Herme es una romántica, o sea, para ella, el amor sería una especie de necesidad esencial. Casi todo el tiempo ha vivido enamorada, porque ella sabe –a regañadientes- que no hace falta ser amada para estar enamorada, ella se ha arrojado miles de veces a piletas sin agua, tiene la espalda llena de moretones y de rajaduras, pero sigue haciendo clavados, desde lo más alto del trampolín, porque para tirarse, es preferible hacerlo con riesgo, si no, no tiene gracia. Lo peor de todo, es que a su edad, Hermenegilda se ha dado cuenta, de que ella no sabe nadar, sabe -apenas- flotar, hacer la plancha, dar brazadas cual nadadora torpe que se está ahogando. Ella no puede nadar porque: 1: No sabe tirarse con estilo, siempre lo hace a la que te criaste y tapándose la nariz con las manos. 2: Imposible abrir los ojos debajo del agua porque le da cosa. 3: No practica ningún estilo de nado, porque no tiene estilo y no nada. 4: Los dedos arrugados la hacen estremecerse por lo que rechina un poco los dientes.

 

     Hay que ser terca para tirarse a una pileta sin agua sin saber nadar. O loca, o estúpida. Y más si le ha pasado varias veces y sigue cayendo, y sigue haciéndose percha. Los salvavidas para el amor, no los han fabricado aún. Y además ella es un poco mártir, es como cuando ve una película en el cine, ella sostiene que si no la hace llorar, no es buena, no pasa la prueba. Así, con el amor, si no la hace sufrir un poco, no sirve, no vale la pena. Hermenegilda sabe que ha aprendido y aprehendido conceptos muy errados, demasiado cursis, quiméricos, ideales e imposibles del amor, pero ella no se puede reprogramar, ni purgar, ni reinventarse. Ella es así, se tiene que aceptar para que luego la acepten, se tiene que amar, para que luego la amen. Y ella cree (vale dudar) que le gustaría ser amada así: Que le canten al oído un bolero viejo para despertarla los domingos a la mañana, que los labios se le sequen de tantos besos, que el cuerpo del otro se confunda con su cuerpo, que llegue un punto en que no se sepa donde empieza el cuerpo de ella y el de su enamorado. La piel es importante, la química, el deseo, el calor emanando sensualidad y delirio, pero deberá ir acompañado por palabras bonitas (que tengan un sustento) por promesas realizables y alguna llamada de vez en cuando (sabe que no puede pedir mucho y odia saberlo) Aunque ella aprendió que las frases que los hombres quieren escuchar son las siguientes: “que fluya, lo que de, tranqui, vamos viendo, paso a paso”; cuando ella conecta, desea que ese hombre duerma al pie de su cama, le dedique algún atardecer y hasta la lleve a pasear de la mano cuando esté nublado. Necesita que el otro la cuide, con todo lo que la palabra cuidado significa –y más-, que cuando sienta ruidos en el techo venga corriendo y la abrace hasta dormirse a su lado, que cuando le agarre un ataque de inseguridad la llene de elogios y le diga “yo sé que vos podés”, que cuando se sienta oscura él le cambie el foquito a su noche, y sobre todas las cosas, que la entienda, no, que la comprenda. Pero como sabe que no cualquiera la comprende, porque conoce que es muy especial, que por lo menos, su compañero, haga el intento (un genuino intento). Hermenegilda es un espécimen sensible hasta la exageración, por eso, el que esté a su lado, a veces deberá solo darle palmaditas en el hombro derecho, a veces concederle Carilinas (los pañuelos de tela le dan asco, desconfía), a veces deberá decir palabras de aliento o simplemente “te quiero, bonita”, y a veces deberá hacerla callar un poco y poner música a todo lo que da. Hermenegilda es solo una mujer entre tantas, una mujer que conozco demasiado, que padezco y que quiero, ya estoy acostumbrada a ella y a sus temitas. Pero sé –que no me escuche ella- que no abundan en el planeta y menos en su ciudad, hombres que puedan saciar sus necesidades básicas (dígase: amor) Ella dice: “yo me adapto, tranqui, vamos viendo”. Pero Herme solo quiere que alguien la quiera. Me corrijo: que un hombre con todas las letras (seis) la quiera bien. Ella dice “no pido mucho” Yo la abrazo y le digo: “Claro que no, bonita, claro que no”.

 

 

 

MARCIA LO FEUDO

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(Se presenta todos los sábados de marzo a las 22 hs. con su stand up “Confesiones de reality- De la tele al kiosquito” en La Quadra Bar, Dr. Real 638)

Ph: Manu de Biasi

Comentarios   

 
#1 TalentosaJavierm 21-03-2013 22:05
Una mina que escribe tan así, tan llegando al alma del otro con esa simpleza, hay que decirle Gracias! y.. queremos mas!!! Grosa! te quierooooo!