TINELIZACIÓN DE LA ESPIRITUALIDAD

Pagar para saber respirar (¿?)

 

Me causa mucha gracia, una gracia angustiante, la explosión de esta búsqueda de la espiritualidad descartable, de la paz interior y las remeras de Buda a lo Andy Warhol, aprender a respirar y pagar en euros para lograrlo, piquete de gente meditando, protestas de ecologistas en bolas, como una tendencia, como una moda, ni más ni menos, una moda, que puede extinguirse en cualquier momento, como el uso de pantalones chupines.

 

No estoy para nada en contra de los que practican yoga, leen libros de autoayuda (aunque me gustaría que exista el género pluriayuda) no odio a esos seres a la deriva (como yo) que están en permanente búsqueda, al contrario, la búsqueda me parece súper sana, coherente, necesaria. Replantearse, mirarse, preguntarse, me parece que hay que hacerlo, es un deber como humanos el preguntarse al final del día, qué hice bien, qué hice mal, en qué cosas puedo cambiar.

 

Lo que miro con lupa, con microscopio, con rayos equis, es el fin de todo esto: si es porque Tinelli lo hace y como él es exitoso, vamos todos con “lo que sucede conviene” pongamos la frase en la heladera y tengamos consciencia de la respiración, inhalemos, exhalemos, uy, cómo estoy. Digo, es la tinelización de la espiritualidad, que es lo único que nos faltaba para ser un poquito más mediocres de lo que ya somos (y siempre me incluyo, ojo, para salir con la lupa, hay que empezar con el espejo).

 

Pienso que está bueno bregar por una sociedad más sana, impulsar los buenos usos de los recursos naturales, o sea, me gusta que ahora se imponga la bolsita de los mandados para salir a hacer las compras y van las chetitas con el carrito hecho en Plaza Serrano porque da chic, está genial, si de paso ahorramos unas cuántas toneladas de polietileno al planeta, pero que no quede ahí, en ese acto frívolo. Hay que ir por más, siempre.

 

Un profesor de Biología me inculcó desde pequeña, el deber como integrante de la Tierra de no derrochar agua, ni para lavarme los dientes, o en canillas mal cerradas, piletas vaciadas y vueltas a llenar compulsivamente, pérdidas de depósitos de baño, etc., a parte el no arrojar residuos en la vía pública, si me dan un volante en la calle y no hay tachos a la vista, me lo guardo en la cartera y cuando llego a casa lo tiro en mi basura. Así, traté de formar consciencia en personas (como mi ex) que abrían la canilla al mango ni bien entraban al baño, y no la cerraba hasta que salía de él, traté de inculcar esas cosas pero a veces las personas son necias (los ex más aún) y te dicen cosas como “el agua no se va a acabar más, esas cosas pasan lejos de acá”. Consciencia: generar consciencia, ojo, tampoco generar culpa, esto de que si voy a una pileta a refrescarme no tengo que pensar en cuántos niños del Africa hubieran sobrevivido a la deshidratación con estos litros de agua en los cuales yo estoy haciendo la plancha, porque ahí sí, no podés disfrutar de nada de la vida y pasas el verano como pasa de uva amargada. Equilibrio, ser consciente del lugar y tiempo que ocupo en este espacio, no en otro. Porque ser espiritual tiene que ver con la armonía entre mi ser, el hábitat y los otros. Y empezar desde adentro, desde uno, desde la casa, desde el trabajo, desde los lugares que frecuentamos, hay cosas básicas: si vas a un baño público: tirá la cadena, millones de veces me ha pasado que me encuentro con regalitos atómicos en el inodoro, entonces con una mano me tapo la nariz y con la otra tiro la cadena. Oh, sorpresa, ¡anda! ¿Por qué la gente no tira el botón? Porque no piensa en el otro, en el que viene después de mí, eso es básico, muchachos, la vida del planeta, no termina en uno, sigue por millones y millones de años más, pensemos en los que vienen después de nosotros, que se tienen que fumar nuestras insolencias, nuestras fiacas, nuestros malos modos, nuestro “a mí que me importa, sálvese el que pueda, yo mientras me miro el ombligo, agutátá, ombligo mío”. Basta, empecemos por esas pequeñas cosas, salgamos del ombligo junta pelusa, levantemos la mirada a un costado, al otro, ¿vieron que hay personas al lado nuestro? Sí, bueno, tampoco uno es la Madre Teresa de Calcuta, ojo, Madre Teresa hay una sola y encima ya murió hace rato, pero empecemos por lo básico, saludemos, hola qué tal, sonríamos que nos están filmando y capaz que bailemos por un sueño. Y basta con “el planeta que le dejemos a nuestros nietos”, yo no tengo hijos y no creo que los tenga salvo que me insemine un Alien, pero pensemos en los demás, sin importar que no sean de nuestra sangre, son gente, respiran, aman, tiran la cadena, como nosotros, ellos merecen un mundo mejor, todos lo merecemos.

 

“La espiritualidad es regresar a lo que es natural para el alma humana, es un camino de vuelta a casa”, esto lo dice una tal Moira Lowe, el nombre no importa, no nos vamos a acordar, lo importante es la esencia de lo que pregona: ¿les resuena en algo eso, les hacen tilín tilín en alguna parte del cuerpo? A mí sí, y talán talán, también, ojalá que mis lectores cierren más las canillas y tiren el botón después de visitar a un baño público después de leer esta notita .Y para terminar, les cuento una anécdota, hace poco, fui muy temprano a un McDonald´s de Capital, me iba a sentar justo debajo de la escalera, en una de esas banquetas altas con la mesada contra la pared, me senté más adentro, arbitrariamente, una mujer se sentó en el asiento que iba a disponer yo, con su café y un libro, acto seguido, un hombre descuidado que subía la escalera con su bebida, la bañó entera a ella y a su libro, a mí no me llegó ni una gota, el señor ni se inmutó, fue a la caja y pidió que le restituyeran el desayuno, mientras tanto yo que pensaba qué suerte que no me senté ahí, iba de un lado para el otro con servilletas para ayudarla a secarse y otra señora pedía a un empleado que pasaran un trapo, la chica se quejaba porque tenía que ir a trabajar, qué pavote el señor, qué mal educado, y otros improperios abalados por mí y por la otra señora, y de paso se desahogaba con nosotras, porque esa es otra parte de la acción solidaria: estar, escuchar, acompañar, a parte de llevar ropa a Caritas y sentirse Sor Bondad. Digo, ¿está bueno ser como ese señor, cero culpa, cero compromiso? ¿o está bueno alanzar servilletitas a esta pobre mina, ayudar a secarle el libro, charlar y hasta reír con ella diciendo que hombre pelot…? Creo que ahí está la clave, en lo micro, en lo pequeño: porque si pensamos hay que salvar el mundo…nos vamos a quedar cortos siempre. Mejor, empecemos con pequeños pasos: estiremos el cogote y miremos al de al lado, pongámonos en su lugar,  ¡y tiremos el botón, carajo!, que no cuesta nada.

 

MARCIA LO FEUDO

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