Crónicas Marcianas - por Marcia Lo Feudo

El amor gaseoso

¿Media naranja o naranja entera?

 

¿Qué es el amor? Una palabra aguda, no solo por su acentuación, sino también por su sentido. ¿Pero qué es en verdad el amor? ¿Existe el amor real? ¿Existe ese amor eterno, incondicional? ¿El amor que reencarna y que va desplazándose en el tiempo a través de seres, décadas, glaciares que se derriten, torres que se caen, muros que se desmoronan y tecnología y cables, y sin sentido? ¿Las almas gemelas? Esas que están hechas la una para la otra, que parecen ser dos mitades que por algún capricho de algún Dios se separan y luego se dispersan en el universo y así van jugando a la escondida, al piedra libre, al cuarto oscuro, y mientras aquí los terrestres incompletos van buscando ese otro para ser llenados, fumándose angustias, vacíos, traumas, ese pícaro Dios se ríe porque sabe cuál será el destino de esas mitades perdidas. Dios lo sabe, pero nosotros no.

 

Nosotros somos errantes mitades puestas en el planeta tierra, en esta era y cada vez somos más errantes, más mitades y más infelices. Hay un sociólogo polaco llamado Zygmunt Bauman, habla del mundo líquido, de las relaciones líquidas y del amor líquido. Que en la actualidad nada es consistente, ningún lazo es para siempre, y que las relaciones y todo lo que nos rodea es algo voluble, tibio, descartable. Agüita que corre entre las piedras, pasa rápido y se va. Dejala correr, Bauman. Yo agrego, el amor es líquido y vaporoso, es un gas, humo, es un pedo de buzo que sube rapidísimo y después fshhhhhh. Se evapora, los príncipes azules, las mitades que nos compensan, los sementales, ponedores, los machos cabríos, los jefes de hogar, los padres de familia, ¿existen aún o son parte de un mito, de una ilusión, de alguna maldita anécdota de cuento de hada que absorbimos por ósmosis o por lavado de cerebrito?

 

A medida de que pasa el tiempo me doy cuenta de dos cosas: de que no sé si existe el verdadero amor y de que cada vez hay más gente sola, por elección o por decantación. Y muchos eligen saltar de cama en cama e ir esquivando los compromisos porque se piensan que soy re piolas y que el touch and go es re progre (todos hemos pasado por esa etapa hasta que nos damos cuenta de que no sirve para nada) Y otros eligen llenar su soledad con trabajo, o con excesiva vida social, de boliche en boliche, o con libros de auto ayuda o películas o viajes, mucho solitario se embarca en la aventura de ir de hostel en hostel, con la mochilita y el mapa a cuestas, o estudiar, estudiar sin parar, también está el que te hace cursos de todo tipo, y que después no le sirve para nada, también está el renegado, ermitaño, fóbico, que se encierra en su casita cual caracol onanista, porque le hace mal salir a un mundo en que parece que todo está hecho para dos: los descuentos, las almohadas, los dos por uno, las mesas en los bares, los brazos, las manos, las bocas.

 

¿No se hicieron nunca esta pregunta: estoy realmente enamorada de ese que tengo al lado? ¿Ese que me saca el control remoto, ese que me compra mal las toallas femeninas, ese que me roba el lugar en el baño, ese que no llena la cubetera nunca? ¿O estoy con él porque no tengo otra opción, porque es mi peor es nada? ¿Mi último cartucho? ¿Lo amo realmente? ¿O solo lo necesito? ¿Sin él soy una media naranja? ¿O soy una fruta completa? ¿Soy una señora naranja que puede ir por la vida auto abasteciéndose, siendo feliz? ¿O sin ese otro no estoy completa, hay algo en mí que necesita ser llenado por la otra mitad porque yo sola no soy lo suficientemente entera? ¿Necesito de alguien tan faltoso como yo para que entre los dos hagamos un Frankenstein a medio pelo? ¿No estaría mejor ser alguien completo, en  total armonía, realizado, pleno y feliz para poder recibir a ese otro ser que estará a mi mismo nivel y así poder vivir una vida en paz, sin reproches, sin frustraciones, sin batalla de egos ni resentimientos?

 

Y mientras yo sigo tratando de ser esa persona completa que espero ser para que ese otro me pueda disfrutar como se merece, el tiempo pasa, mis amigos se casan, tienen hijos y otros y otros (Hola doña Rosita la Soltera te estamos llamando) Entonces me pregunto, ¿está bien esta postura que estoy tomando? ¿No será que mi gran obstáculo, mi gran venda o mortaja se llama MIEDO? A volver a sufrir, a volver a equivocarme, a que me pasen el corazón por una trituradora, por una licuadora, por una olla llena de ácido, en fin, que me hagan pelota otra vez.

 

Yo creo (déjenme decir creo porque para mí lo único definitivo es la depilación láser y hasta ahí nomás) que me he enamorado de verdad, una vez, solamente una vez amé en la vida, como dice el bolero, como creo que suele pasar (creo) a todos los humanos, esperemos que no, porque si no estoy frita. Yo pienso que me enamoré de verdad aquella vez, porque ese amor, que gracias al Cosmos fue correspondido en su momento, hasta el día de hoy, que han pasado dos años de la ruptura, me sigue doliendo. Porque yo creo que el amor es parecido al dolor, a una herida que no cierra del todo, porque yo creo que el corazón se hace evidente cuando duele, solo en ese momento te das cuenta de su existencia y que es más que un par de latidos y ventrículos, el corazón es como la boca de la angustia, eso que se estruja, eso que parece ahogarnos, enterrar la cabeza en la arena movediza. Ya sé, soy novelera, qué voy a hacerle, no me queda más remedio que aceptarme así y esperar…

 

Sentada voy a esperar, claro, no porque esté descreída del amor, si no porque me da miedo que me salgan várices, ¿viste? No esperen que golpeen a la puerta, no, salgan a buscarlo, o no, no lo busquen porque dicen que el que no busca, el que está relajado, para ese viene solo, aunque el que busca encuentra, o sea, hay que hacerse el que no buscás pero buscar, la actitud tranquila, no me importa nada, yo soy completa, estoy sola porque quiero, eso, eso, y tratar de que se lo crean, claro.

 

Repito, sentada voy a esperar haciéndome la que no espero, pero mientras trato de completarme, de ir rellenando los huequitos (los de la celulitis ya quedan así), seguir aprendiendo, seguir tratando, para que cuando venga El, ese que me va a merecer, me encuentre plena y feliz, así podemos compartir y acompañarnos a la par.

 

Porque yo sé que el amor es más que conseguir a alguien para compartir el alquiler y las expensas, el amor es ese airecito que te abre el cabello, esa caricia en el momento justo, ese otro en el que podés descansar, esos ojos en los que te podés hundir, ese ser al que no tenés que explicarle nada porque ya lo sabe.

 

Voy a esperar sentada, pero con una sonrisa y un daikiri, por las dudas.

 

 

TEXTO: MARCIA LO FEUDO

FOTO: MANU DE BIASI 

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