Crónicas Marcianas - por Marcia Lo Feudo

La red sin red

¿Comunicados o in…?

 

Un televisor hecho con una caja y un papel celofán.

Un teléfono hecho con dos vasos descartables y un cordón.

Una computadora dibujada con fibra en la mesa.

Jugar al amigo invisible.

La casita del árbol.

Hablarse a través de woki toki pero no poder alejarse mucho por la interferencia.

El tocadiscos y el mismo disco de siempre que se terminaba rayando: el del Topo Gigio.

Ir al cine, maní con chocolate y ver tres películas seguidas, si actuaba Minguito, mejor.

Hablar en jeringoso o en algún dialecto inventado o leerse los labios o escribir con el dedo sobre la piel, tener un diario íntimo, una pizarra mágica, jugar al dígalo con mímica, al verdad-consecuencia-opinión, al teléfono descompuesto, adivina adivinador.

           

2012: la tecnología avanza más rápido que el otoño, cada hoja que cae, es un invento nuevo que ya están probando allá en América, o allá, en China. Todo lo que tenemos frente nuestro ya es obsoleto, porque el mercado avanza continuamente como el desierto, en forma de tormenta de arena, evolucionando todo el tiempo, imparable.

Todos sabemos que los niños de 9 años ya tienen celulares porque los padres quieren estar siempre comunicados. ¿?

 Todos sabemos que la Wii, la Play Station 3, los juegos en red, y todos los entretenimientos virtuales son utilizados por millones de usuarios que rondan en edades desde los 8 años hasta los 80.

Todos sabemos que ser parte de las redes sociales como el Twitter y el Facebook es tan importante como tener el documento de identidad.

Todos sabemos que si no tenés el último celular, el Blackberry, el Iphone, la Tablet, te sentís fuera del sistema, menos, aislado.

Todos sabemos que el Skype o cualquier Chat nos permite acceder a personas recónditas y sentirlas un poco más cerca. ¿?

Todos sabemos que todo está en Internet, al alcance del clic, todo bicho que camina va a parar a Google, con solo abrir, el mundo se presenta frente a nuestros ojos, está totalmente disponible, Open 24.

Todos sabemos que pasamos más horas frente a pantallas cuadradas que frente a los seres que amamos.

 

Pero la pregunta es: ¿estos avances optimizan la comunicación entre los seres humanos o al contrario, nos alejan, nos aíslan, nos transforman en autistas cibernéticos? ¿Un adolescente que chatea todo el tiempo con sus amistades, que juega en red, que comparte emociones en el muro como si fuera su diario íntimo-público, está más conectado que un niño que vive en el campo sin estos medios, y que trabaja la tierra, que está con los animales, habla en la mesa con su familia, hace los mandados y se encuentra con gente en la calle y se detiene a hablar, a lo mejor va a algún baile o a un bar, saca a bailar a una muchacha, van a la vereda a tomar fresco? ¿Existe todavía este tipo de contacto en alguna parte del mundo? ¿O hasta el chico del campo tiene Blackberry?

 

Muchas veces me pasó que chateando con un hombre la charla se daba bastante fluida y hasta osada y cuando nos encontramos, en la primera cita, ¿qué pasa? A- No sabés de que hablar porque todo lo charlaste en el Chat. B- Todo lo atrevido y desenvuelto que el sujeto parecía ser, es totalmente lo contrario, es en verdad, tímido y aburrido. C- Te dan ganas de ir frente a dos computadoras y tener una conversación virtual con él “frente a frente” tomando un café para sentirlo más cómodo y fluido, más conectado. ¿?

 

Otra vez me pasó que entré a uno de estos sitios para encontrar pareja (no lo recomiendo) Obviamente buscas por foto. Cuando di con ese hombre soñado, de músculos bronceados, cara de ángel y ojos de semental, empecé a chatear, un amigo me había dicho que le pida cámara para vernos en vivo y en directo, él se oponía, decía que no tenía cámara, etcétera y que quería que nos veamos ya, urgente, sin vacilar. Por supuesto me olió raro el asunto, este amigo me dijo que copiara y pegara la foto en el Google, ¿y qué pasó?, esa foto pertenecía a un modelo francés ultra famoso que seguro no necesitaba buscar pareja en Internet. Conclusión: me fui de ese foro ofendidísima y sintiéndome la más bobalicona e ingenua.

 

Si no pasa que con los amigos que no podés frecuentar, les mandás un e-mail, un mensaje privado por Facebook o le comentás una foto “te extraño, amigo, besos” y pensás que con eso saldaste la deuda. Antes mínimo agarrabas un teléfono y te despachabas contándole cosas, de tus fracasos sentimentales, lo que vas a comer…Pero aunque sea le escuchabas la voz, ya sé que hoy está la video conferencia, pero a mí me parece que estoy hablando con un conductor de noticiero por el diley o porque la imagen queda trabada en una pose que no favorece o la voz parece sacada de la última película de exorcismos.

 

¿Cuándo fue la última vez que recibiste una carta de papel? ¿Se acuerdan cómo olían? El crujir de la hoja, el relieve de la tinta. Cuando era chica había papeles de carta, se Sara Kay, por ejemplo, le ponías perfumito, llorabas y manchabas la tinta para que se notara que eras sensible, la cerrabas con ilusión imaginándote la cara del otro al recibirla. Yo me acuerdo de haberle mandado una misiva a mi ídolo de la infancia: Michael Fox (había sacado su dirección de la Revista Para tí), mi mamá me tradujo en inglés todo lo que yo quería expresarle: sos re lindo, te amo, me muero por conocerte, mandame una foto autografiada. Una foto que nunca llegó, pero no importa, ¿saben que aún –la niña que vive en mí- la espera? Porque ese misterio tienen las cartas, como las botellitas arrojadas al mar, o los mensajes encerrados en los globos de helio y liberados al aire, tenés la certeza de que alguien las va a recibir, además es romántico y poético.

 

Volver a las palomas mensajeras, a escribir en los vidrios empañados, a remontar barriletes, a quedarse charlando en el frente de casa y que las despedidas sean eternas, seguir diciendo secretos al oído, sentir el aliento húmedo y cosquilloso del otro en la oreja, bailar lento en los boliches sin tener miedo de ser violada a mitad de la canción, tener un diario íntimo en papel, pegarle figuritas, fotos, invitar a todos a tomar la leche en tu casa y capaz no tener leche, pero reunirse alrededor de una mesa, mirándose los rostros, disfrutando del color, de las tres dimensiones que tiene tu gente, los aromas, y el brillo de los ojos que te puede decir tantas cosas cuando los observás en vivo, porque estamos vivos, porque somos, más allá de cualquier pantalla y de cualquier teclita.

 

MARCIA LO FEUDO

 

 

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