Ramón de los Picapiedras

Compromiso y talento


    No por casualidad, Mario Tierno nace el 11 de diciembre, el día del tango,  hace 52 años en Luján. Mario es músico, pero sobre todas las cosas, es un hombre sabio, porque ha aprendido a captar las señales de la naturaleza y del Universo, y sabe que cada paso que da en esta vida, es parte de un plan mágico, entonces se entrega a los designios, dejándose llevar como hojita al viento, liviano, desprejuiciado, atento.

    A los 4 años, la mamá le compra un Topolino y en el sobrecito le sale una flauta, entonces, a través del juego y de la inquietud, Mario niño no paraba de hacer sonar ese instrumento, por eso el papá le compra su primer armónica, y de ahí Tierno no se detuvo nunca, empezó tocando la armónica junto con su padre de aquí para allá en peñas y en reuniones sociales en Pueblo Nuevo y Jáuregui donde transcurrió su infancia. Entre los 12 y 13 años aprendió a tocar la guitarra y en ese entonces ya soñaba con llegar a Luján tocando su música. “Yo decía ojalá alguna vez pueda trascender las barreras de los trogamun que eran las filas de eucaliptos que separaban Jáuregui de Luján”. Siempre comprometido con la música y con la formación, no se detuvo nunca encomendado por el sueño de expandirse, de llegar a todos con sus acordes.   

    Luego se incorporó en la Banda Rerum Novarum donde comienza lo que él llama “su carrera musical”. Ya a los 13- 14 años, empieza a cobrar sus primeras monedas por su arte, entonces, comprometido y estimulado, va armando sus primeros grupos, “Los curtarseños”, en donde descubre el charango. “Horacio Aguilera, un amigo mío que era indio que tocaba los cicus, despierta en mí la curiosidad por esos tipos de instrumentos y empiezo a querer viajar para saber más”. A los 18 años integra el grupo “Ensamble incaico” durante 10 años y empieza a vincularse con estudios de grabación, a grabar sus sonidos.

    De espíritu golondrina, viajero, intrépido, Tierno viaja por el interior de Argentina y por diferentes países en diversas ocasiones y va llevando su magia musical como un trovador, pero siempre dejándose penetrar por nuevas ondas, siendo permeable a los estímulos que iba encontrando en su camino.

    Desde los 23 años, viaja, vive un tiempo en Jujuy, trabajando en la Dirección de Cultura de allí, y se va interiorizando en instrumentos autóctonos como la quena. Se forma 4 años en una escuela de instrumentos aborígenes y criollos. Luego en Misiones convive con los indios matacos alrededor de seis meses, más tarde pasa un tiempo con la comunidad mapuche en Iluminé, esto fue para abrir otro abanico de conocimientos y vivencias.

    A partir de los 25 años inicia una carrera más profesional rodeado de distintos artistas. A los 27 años, viaja a Suecia, Noruega, Chile, Uruguay, Centroamérica, acompañando a una cantante lírica.

    Sentires, Luciano Pereyra, Soledad, Horacio Guaraní, son muchas las figuras que han sido engalanadas con su música y acompañamiento. Mario jamás hace alarde, gracias a la educación que le impartió su padre desde pequeño, siempre se demuestra humilde y agradecido a estas oportunidades.

    Mario nos cuenta una anécdota, cuando tenía 24 años, en Parque Lezama, una persona lo escucha por casualidad imitando a Largirucho, un personaje de Hijitus, entonces le propone grabar por unos meses voces de este dibujito sin goce de sueldo, a cambio de la posibilidad de llegar a Teatro Abierto, hasta que Pelusa Sueiro, la voz original de este personaje, le dice que no le robara más su trabajo y que se dedicara a la música.   
    Trabajar en Capital Federal y empezar a tejer contactos, lo hizo encarar su vocación de una manera más profesional, se hizo socio del Aadi, de Sadaic, registra sus obras y desde 1998 hasta el 2002 integra el grupo de Luciano Pereyra.

    “Luciano tomó clases conmigo en mi casa desde los 5 a los 16 años, cuando él tenía 5 años, justo en ese momento yo tenía uno de mis hijos que era bebé, y a veces lloraba, yo lo hacía cantar y mágicamente el bebé se calmaba. Con él me di cuenta de la importancia de la labor docente, yo siempre digo que soy un comunicador social, intercambio conocimientos”.

    Nunca concluyó el estudio de profesor de música, pero sí se formó en diferentes institutos y además siempre lo constituyó el saber intuitivo de los autodidactas.

    En el año 2000, toca en Roma, junto a Luciano Pereyra, frente al Papa, en el Jubileo 2000. “En el año 73, en el marco de un evento en el Colegio San Luis Gonzaga, un cura me dice: usted va a participar de un evento muy importante en el año 2000 y usted va a tocar ahí, 27 años más tarde, mientras tocaba frente al Papa para dos millones de personas, me cayó la ficha, el cura tenía razón”.

    Rodeado de vaticinios e inspiraciones, Mario siempre le hizo caso a los presagios. “Antes de que yo naciera, mi vieja, que había perdido tres embarazos, se encuentra con un evangelista que predice que yo iba a nacer y que iba a tener una virtud y que la iba a desarrollar durante toda mi vida, por eso yo pienso que no hay casualidad”.
    Influenciado por su admiración por Jimi Hendrix, Mario se había metido en un principio en el mundo del rock, y el folclore lo hizo centrarse y bajar un cambio, logrando salir del descontrol que el mundo del rock proponía.

Armónica, guitarra, instrumentos de cuerda, de vientos, instrumentos aborígenes.

Actualmente trabaja en la Universidad de Luján, dirigiendo el taller de aerófonos, también forma parte de la Feria Franca que se desarrolla en el Parque San Martín, demostrando con sus alumnos lo aprendido en el taller. Tiene escrita una autobiografía que espera su publicación y un diario relatando la experiencia de su viaje de dos años a Japón, tocando en cruceros. Además, tiene el sueño de grabar profesionalmente sus canciones a modo de cd.

    “Ser conocido en Luján como lo soy, es hermoso. Para mí Luján siempre fue como estar en el Italpark”. Y mientras grabamos esta nota, al aire libre, frente a la Plaza de la Estación de Trenes, es notable que Mario Tierno es un personaje querido y admirado de Luján, dos de cada cinco autos le tocan bocina y él, demuestra en su saludo afectuoso que su compromiso es con la gente, que su misión en esta vida es comunicar, transmitir.

    Y como un artista callejero que pasa la gorra, Mario toca con pasión y profesión sus instrumentos, como si fueran secretos escondidos en caracoles que él descubre cada vez que sopla o cada vez que acaricia, por que Mario es un ser con un don, y ha venido a esta tierra para llenarla de mística, luz y canciones.

  

 


TEXTOS: MARCIA LO FEUDO  - FOTOGRAFIAS: LORUHAMA TERUYA ROSSI


 

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