Ramón de los Picapiedras

Un payaso romántico


    Porque a veces no hacen falta las palabras, porque los ojos traspasan, las manos vuelan y el cuerpo es un diccionario de sensaciones, existen seres como Lucas, que plantan el sentido en el sin sentido, trazan muecas en el aire, risas en la eternidad desde una conexión libre e ilusoria, plasmada en el aquí y ahora, que va sucediendo, mágica, imposible de atrapar.

    Nacido en Luján, el 13 de agosto de 1975. Al año siguiente de terminar la secundaria, estudió en la Universidad de Luján la carrera de Administración de Empresas. “Como administrador de empresas fui muy buen jugador de fútbol. Al año de estudiar, me di cuenta de que mis necesidades eran otras, tenía otra energía, quería encontrar un espacio, un lugar de expresión”. Motivado por el arte audiovisual, estudió fotografía en Morón, paralelamente trabajaba limpiando piletas, levantando pedidos de cigarrillos en una moto. Más tarde se trasladó a Capital Federal donde realizó la carrera de Cine y Televisión, a la vez que se entrenó en técnicas de circo y actuación. Ha realizado muchos trabajos en cine, cortometraje, medios. Luego de unos años, viajó a España en donde trabajó en una Productora audiovisual, durante seis meses, hasta que empezó a hacer teatro callejero en Madrid, juntando sus primeras monedas pasando la gorra, esta aventura inicial duró dos años. 

    Por puro romanticismo: Lucas dice que esta tarea tiene mucho de romántica, mucho de idealizar, mucho de jugársela por los sueños. “Un amigo me dice: bueno, si vos pensás que eso es vida…, y sí, la verdad yo pienso que esto es mi vida. Me llevó tiempo instalarme y hacer que valoren mi trabajo, como uno lo hace por placer y puro romanticismo, se piensan que no tiene que ser económicamente valorado, pero es contradictorio porque uno lo quiere profesionalizar y dedicarle el tiempo que se merece”.

    Cuando vuelve a Argentina, ya en Luján, aproximadamente en el año 2000, y durante cuatro años, dentro de la Casa de la Juventud y apañado por un grupo de trabajo, empieza a dictar talleres de circo, generando –casi sin querer- un movimiento social importante que logra impulsar y activar esta pasión por el arte en muchísimos jóvenes de nuestra ciudad.

    Más tarde se une a dos amigos, Santiago Culacciatti (actor-compañero de aventuras) y Guillermo de Blás (director), con los cuales forman una compañía “La Patera teatro”, que generó dos espectáculos –productos de creación colectiva- llamados “Lustro” y “Dos payasos y un biombo”, donde despliegan actitudes circenses, mimo, clown, malabares, humor, pantomima, etcétera. Llevan más de cinco años de continuidad, han recorrido varios festivales, trabajando desde Ushuaia a La Quiaca, en todas las provincias de la Argentina, militando a través del circo y del teatro, participando en Festivales Nacionales, Internacionales y Latinoamericanos. Con los dos productos han participado en la Fiesta Provincial del Teatro y con “Dos payasos y un biombo” resultaron ganadores del Festival Nacional, representando a la provincia y a Luján en el Festival de Teatro de San Juan.

    “El trabajo que realizamos se hace desde una pauta mínima y de nuestras ideas y de lo que nos va sucediendo como actores, desde el trabajo vivo, se va armando la partitura como una forma musical, vamos seleccionando y generando las secuencias de acciones, las escenas y más tarde el trabajo en su totalidad. Es un vacío inmenso sobre lo cual uno trabaja, pero confiamos en ese vacío desde donde sale lo más vivo”.

    Cuando el teatro se puede sentir, cuando el hecho artístico vibra en sintonía con el espectador que es partícipe, cómplice de este juego implícito y activo, pareciera que es un producto fortuito e instantáneo y es allí donde se aprecia la experiencia y el saber, en el arte que no se puede catalogar, el arte que parece no haber existido nunca hasta ese momento de comunión entre actor y público, cuando el trabajo realizado parece pura improvisación y alegría.

    “La construcción de la estructura es en base a la improvisación, pero esa estructura sirve para que uno mantenga el trabajo actoral vivo y para que uno sienta que el trabajo está casi improvisado, pero es necesaria una estructura para saber por donde caminar y tener esa escucha y ese impulso vivo de sentir cuál es el momento para improvisar, uno sale de ese camino y después puede volver”.

    Hace un tiempo, Lucas va con su Tertulio a cuestas a entregar su arte, su libertad y expresividad todos los domingos por la tarde a Carlos Keen, al aire libre, bajo el sol, entre el viento, formando parte del paisaje, a un costado de la vía, y compone su mundo desde la nada, entregando todo para la gente que pasa y que se queda, siempre se queda. “En el espectáculo de calle trabajo solo, es muy diferente a lo que uno hace en el teatro, en la calle, tenés que convocar a la gente, realizar el show manteniéndolo vivo para que el espectador disfrute con vos de ese acto que está sucediendo y después pasar la gorra. Es un abismo tremendo porque uno nunca sabe cómo va a suceder ese acto, hay que transitar por toda la situación desde que uno está en su casa, agarrar la valija, llegar, comunicar, transitarlo y luego que valoren el espectáculo para después llegar a tu casa y contar la gorra. Hay que sacar mucha fuerza de uno, pero lo que te impulsa es el disfrute”.

    Con “Dos payasos y un biombo” han sido seleccionados por el Teatro Nacional Cervantes entre 180 obras, para formar parte del “Ciclo de teatro del País 2011” organizado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, realizando funciones allí junto a otros siete proyectos.

    “La vaca atada es difícil tenerla porque este tipo de trabajo no lleva una premisa comercial, si eso después llega buenísimo y además uno trabaja para eso. Porque hay mucho tiempo de dedicación, sacrificio. No estamos en búsqueda del éxito ni del fracaso, lo hacemos básicamente por una pulsión”.

    Hay una línea finita entre Tertulio y Lucas, un Lucas que le da vida a Tertulio y un Tertulio que le presta las herramientas, el cuerpo a Lucas, para que vuele, para que se exprese, para salir a jugar a cualquier plaza, bajo cualquier cielo, un payaso que a través de Lucas renace cada día, como un titiritero de sí mismo, como un mago que abre puertas para la pasión y las sensaciones sin escala. Y la gente de Luján lo reconoce, lo aplaude, lo quiere, porque es un personaje-persona, montado en su auto antiguo tan particular y tan de él, con su barba colorada, con su atuendo, con sus ojitos chiquitos que parece que ríen siempre, que parece que lloran siempre. Es un vínculo único con el público que son sus propios vecinos que lo respetan, lo admiran, porque el payaso se asoma por los ojos del pueblo, el payaso se acomoda entre el sonido de las carcajadas de chicos y grandes.

    “Con el público se hace mucho más permeable una relación. Humanizar y relajar tantos prejuicios sociales, eso me permite reírme con el almacenero y me permite que a través del juego se entable una conversación. Tertulio es mi payaso, se modifica con el tiempo como todo ser humano, aunque hay un espíritu que siempre mantiene vivo, esa inocencia de juego, jugar como un niño pero sin dejar de ser grande, es una búsqueda constante, es entrega hacia la actuación, hacia la búsqueda de ese payaso, a través de los talleres, entrenamiento, ya sea en soledad o en grupo, uno toma cosas del medio, de los otros y otras cosas son propias. Muchos trabajos los tenés que desarmar, porque muchas veces esas cosas se vuelven escudos para encontrar lo que uno está buscando, a veces uno cristaliza esas cosas donde uno se siente protegido, hay que estar vulnerable y entregado para que eso suceda, el payaso está en el ridículo y en las emociones puras sin escudos. El payaso es una elección de vida, un camino que se construye día a día”.
    Lucas, no Tertulio, se confiesa tímido y sensible y esa sensibilidad lo lleva a encontrar lo bello y también lo oscuro, desde su payaso.

    El sábado 17 de noviembre de 2012, la compañía La Patera, ha inaugurado su propio espacio para generar y crear sus proyectos, dar clases, formar, presentar sus realizaciones, un nuevo lugar para el refugio cultural independiente. Porque ellos han decidido ser independientes de los gobiernos de turno, aunque en ocasiones se acercan a entidades por la necesidad de llegar a lugares que de otra manera no podrían llegar, por ejemplo, trabajan hace más de tres años para la Secretaría de Cultura de la Nación y en algunas oportunidades han recibido subsidios para producir sus obras. 

    Una música que nos llega desde un disco viejo, un par de esferas transparentes que parecen de cristal, pocas palabras, un sombrerito, muchas sensaciones, una valija repleta, pero a la vez vacía, un niño grande que juega, que se conecta con la gente, un instante único y a puro placer, un alma viajera y sencilla, arte vivo y trascendente.

  

 


TEXTOS: MARCIA LO FEUDO  - FOTOGRAFIAS: LORUHAMA TERUYA ROSSI


 

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