Ramón de los Picapiedras

(a puertas abiertas)


    En lo de Giannice parece que cada cosa está en el lugar en el que tiene que estar, atiborrado de objetos, sí, pero uno tiene la sensación de que ingresa a una especie de museo kitsch, o almacén de antaño, o botica, o kiosco de barrio o bazar o librería o casa de empeño o casa, eso, casa en donde está todo a la vista, casa de gente trabajadora con las puertas siempre abiertas para las visitas.

    Su nombre de pila es Mario, nació el 8 de agosto de 1951 en Cosenza, Italia. A los 4 años vino para la Argentina con sus 8 hermanos y sus padres, en busca de oportunidades, de trabajo, de un lugar en el mundo, como tantas otras familias en aquellas épocas de post-guerra, hambre y crisis.

    Y como todos, Mario se concentró en formar su propia familia, plantar su semilla en una tierra que ya lo había adoptado y en un tiempo más pacífico y próspero. Su esposa Luisa, fiel compañera de vida y de trabajo, y sus tres hijos varones, que le han regalado 4 nietos, son los que trabajan a la par con don Gianicce, los que atienden, los que acomodan los pedidos, los que arman la vidriera de su lugar en el mundo: el negocio, lo que da de comer a su familia, lo que le trae honra y dignidad, el trabajo sin césar de todos los días. El 30 de octubre de 1980, abre Casa Giannice, empezó como un kiosquito de barrio, con poca mercadería, luego se fue ampliando y convirtiendo en un polirubro, usted va a encontrar lo que necesita y más, porque ese es el espíritu de Giannice, adelantarse a lo que va a pedir el público y tenerlo por las dudas.

 “Yo pienso que si un producto se fabrica es porque alguien lo consume, la primera vez que me piden algo puede ser que no lo tenga, pero ya a la segunda no me agarran, ya lo madrugo”
En 1967, Mario de 15 años, con la primaria terminada con mucho esfuerzo por la dificultad de asimilar el castellano, entra a trabajar a la fábrica de tornillos “Burco” y hasta 1990 (cuando la fábrica cierra por quiebra) continuó trabajando allí. O sea, que de 1980 a 1990, Mario vivía para trabajar, de la fábrica al kiosquito y del kiosquito a la fábrica, siempre con tesón y ganas de progresar.

    “El 2 de enero de 1979 compré el terreno pelado y a mediados del 80 empecé a construir y me hice el local de 5 x 5 y ahí empezó todo, a base de obra y sacrificio”.

    Uno de los condimentos particulares de este comercio, es que promueven el intercambio de figuritas (la tengo, no la tengo). Hay jornadas en que Mario convoca a los pibes de Luján a través de un humilde cartelito pegado en la puerta de su local, en el que se lee: “MAXIKIOSCO CASA GIANNICE TE INVITA A PARTICIPAR DE UN ENCUENTRO PARA EL INTERCAMBIO DE FIGURITAS 2012, TODAS LAS COLECCIONES, VENÍ A COMPLETAR TU ÁLBUM, UNICAS TRES FECHAS, NO TE LO PORDÉS PERDER, MITRE 1347, LUJÁN”.

    “Esto empezó a partir de los mundiales, porque siempre salen álbumes con las fotos de los jugadores de fútbol y los padres se quejaban porque los chicos nunca podían llenarlos, entonces yo pensaba que le estaban robando la plata a la gente, entonces dije, hagamos un encuentro de figuritas, así ya que gastaron plata que tengan la satisfacción de llenar el álbum. Y, por suerte, vinieron muchos chicos, se llenó el negocio de pibes y a partir de ese momento, lo hago todos los años, es un día en el que vienen los chicos con toda la familia y es hermoso verlos”.

    Mario les da la alegría de poder llenar el álbum, eso que de chiquito nos quitaba el sueño, porque llenar el álbum era como besar al chico o chica soñado/a o conocer a ese ídolo o ir de vacaciones o tener una casa con pileta. Poner la última figurita en ese espacio y completarlo era cumplir un sueño inalcanzable y Giannice, el Papá Noel de las figuritas, con ese espíritu ingenuo y pícaro a la vez, lo hace posible. Un evento tan peculiar, simple, barrial en donde se da un intercambio de ilusiones, no genera una ganancia financiera, pero sí agranda el corazón y multiplica sonrisas.

    “Los chicos son más importantes que los grandes, ellos son más inteligentes, saben todo, si te piden algo, lo tenés que tener”. Barriletes, juguetes, bolitas, todo lo que el niño puede llegar a desear, Mario lo tiene en alguna góndola.

    El 2 de abril de 2001, luego de un importante asalto que sufrió en su local, Giannice cuenta que nació de vuelta. “Entraron 6, yo estaba arriba con uno de mis hijos, justo lo estaba ayudando a afeitarse porque ya tenía 16 años, los ladrones estaban re drogados y pasó de todo, a mí me pegaron un tiro en el estómago y uno en la rodilla, a mi hijo en el tobillo y a mi señora dos en la pierna, yo fui el más comprometido, estuve un mes y pico en terapia y después al otro mes, ya atendía de nuevo pero con muletas”. Le cuesta hablar de eso, porque le duele, es una herida abierta que ha quedado impune, como tantos otros casos de inseguridad en nuestro país. “Cuando me reincorporé al local, mi hermana y mi señora habían acomodado el desastre que habían hecho los ladrones, y no se habló más del tema, porque había que seguir para adelante”. Y a pesar de eso, Giannice abre de la 7 de la mañana a la una o dos de la mañana según la época y el movimiento, de corrido, sin parar, un negocio abierto siempre. Se van cubriendo entre los mismos miembros de la familia, porque no tienen empleados a parte. Y es singular que las puertas siempre permanezcan abiertas, a pesar de haber sufrido un terrible suceso de inseguridad y a pesar de vivir en una época difícil, su espíritu es atender a la gente como si estuviera en el living de la casa. “Yo charlo con todos, y el día que tenga que atender detrás de una reja, vendo el fondo de comercio y me jubilo. Los ladrones tienen que estar encerrados, no nosotros, nosotros tenemos que estar libres”.  

    Yo, que cumplo el rol de entrevistadora, le digo: “es toda una vida dedicada al trabajo” y Mario, el entrevistado, me corrige: “son dos vidas, porque son por lo menos 20 horas por día, sin feriados, ni días festivos, ni fines de semana”.

    En lo de Giannice podés encontrar desde un test personal de alcoholemia, yerba, medibachas, aspirinas, también podés jugar a la quiniela y buscar entre esos rincones que esconden historias, pilas de objetos con vida, polvo y múltiples utilidades. “Si todo esto estuviera acomodadito sería Carrefour y no Giannice”. Porque a veces los objetos cubren los espacios y dominan, se plantan y forman parte del decorado y del alma del lugar, como si armaran un archivo vivo de momentos.

    “Me acuerdo que la vez que vendí más medibachas fue cuando estaba Alma sensible, el boliche de travestis, que venían desesperados porque se les rompían las medias, entonces empecé a tener en cantidad”. Porque ese pareciera ser su secreto, se va adaptando a las necesidades del público, cambiando y ampliando, con la mente puesta en satisfacer el deseo de la gente, una clave en el estudio del marketing, que parece que Mario intuye a la perfección.

    “Hay que pensar como un empleado bancario, que ve pasar mucha plata pero él tiene un sueldo a parte, porque vos ves pasar mucho dinero pero no es tuyo porque hay que pagar a los proveedores, los impuestos, reinvertir para que el negocio siga funcionando”.

      Mario no es celoso de sus clientes, cuando no tiene un producto –cosa que no pasa seguido-  orienta a la persona y lo manda al negocio que lo vende, porque de esa manera sigue conservando la fidelidad de su clientela, porque lo está ayudando.

    Y continúa teniendo proyectos, porque está vivo, porque sueña, el año que viene quiere empezar la secundaria y además, quiere ser actor. Igual detrás del mostrador él es un poco actor, exclama, sonríe, le sigue la corriente a la onda de la gente.

    Giannice está orgulloso de vivir en Luján, dice que todo funciona bien, salvo la justicia, y que nunca se mudaría. Porque es un personaje de barrio, un pedacito de nuestra historia.

    Nos contó, también, que tiene un muñeco de Papá Noel en el puerta para las fiestas, y que este año, le va a poner una camarita escondida y él va a hablarle a la gente, para saludarla, sorprenderla y sacarles una sonrisa. Y sí, mucho tiene de Papá Noel, porque es un poco mito y un poco realidad, y porque piensa siempre en los niños, en provocar una sonrisa detrás del mostrador, y de regalar un buen momento a los clientes, que van a lo de Giannice, porque además de encontrar de todo, se sienten como en casa.

  

 


TEXTOS: MARCIA LO FEUDO  - FOTOGRAFIAS: LORUHAMA TERUYA ROSSI


 

Comentarios   

 
#1 Andá a lo de Giannicepupyram 21-07-2013 19:34
Si necesitás lo que sea, a la hora que sea...andá a lo de Giannice. Un clásico de Luján.Muy buena familia. Tuve de compñero de trabajo a su hermano Mingo. Grcias, Marcia, por esta nota
 

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