Real Hotel de Luján

“ “En mi infancia me llamaban la atención, me impresionaban, las máquinas que hacían el cemento de la Avenida. Eran máquinas grandes, rodillos que aplastaban y aplanaban el material. Recuerdo la casa en que nací en el año 1933, justo en frente a la Basílica, una casa muy grande. Un vago recuerdo...”

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Así lo evoca Benjamín Edmundo Rols, quien lleva el mismo nombre que su padre, que fue uno de los dueños y administrador del reconocido Hotel Real. Su casa, que estaba ubicada en lo que hoy es la avenida frente al santuario, sobre la calle Lavalle, fue expropiada para dar paso a la gran entrada que hoy caracteriza a la ciudad.

En ese momento, la provincia de Buenos Aires al confiscar los terrenos, les brindó en compensación un lote sobre la Avenida, y es ahí que surge el espacio para lo que luego sería el hotel. Por su parte, la familia Rols se mudó a una casa ubicada en la calle Lavalle entre Italia y Colón.

 

Por los años 50, surge por Carlos Alberto Rols, el hermano mayor de los Rols, y un hombre de ideales y relacionado con la política de la ciudad, la idea de construir un hotel. Un proyecto que contaba con la participación de sus amigos. Es así, que en sociedad los 4 hermanos Rols, los 2 hermanos Bloto, Felipe Bueri y Jorge Dilon, le dieron forma a la ilusión que sería concretada. Para comenzar, consiguieron un crédito hipotecario que sustentaría la construcción del edificio y comenzaron las obras en manos de un arquitecto de Capital Federal de apellido Cribelli. Allí se hizo un trabajo excepcional, dos pisos con habitaciones, algunas con características especiales. La provincia, al momento de la realización puso como condición que se respetara el estilo colonial desde la época de su construcción. Realizaron un gran esfuerzo económico. Hasta alguna vez se han encontrado con una situación económica delicada. El crédito hipotecario no alcanzaba para cubrir los gastos de todo el hotel al que no solo tenían que invertir en la construcción del edificio sino también equiparlo en el interior.

 

El Hotel Real contaba en la planta baja con un salón comedor grande del lado izquierdo de la entrada. A la derecha, se encontraba el lobby, y en el centro un hall, es decir, un recibidor con sillones el cual ofrecía una gran vista hacia la avenida. Más alejado, detrás del lobby, estaba ubicada la cocina acompañado de un pequeño comedor que se utilizaba para servir el desayuno. En el frente, se destacaba un mural diseñado por Constante Orlando Paladino, notable escultor y reconocido de nuestra ciudad, que además era pariente de los Rols. La obra representa a Diana La Cazadora y en la actualidad todavía se encuentra allí, una particularidad importante del viejo hotel que todavía se conserva. El predio de la esquina, ubicado en la calle 25 de Mayo entre 9 de Julio y la Avenida, se usaba como estacionamiento para los coches de los huéspedes. Ese espacio luego fue utilizado para baños en beneficio de los turistas. En la actualidad los nuevos dueños a través de un permiso municipal los derribaron y construyeron sobre la vereda de en frente para dar lugar al patio del futuro restaurant.

 

Un antecedente destacado es que el hotel fue el primero que instaló un ascensor en un edificio de la ciudad.

Además, contaba con una propia central telefónica con conmutador dentro de las instalaciones. En sus épocas de gloria, contaba con más de quince personas trabajando en el lugar: entre mozos, mucamas, cocineros, etc., que brindaban un buen servicio para los huéspedes. Con respecto al interior, probablemente el amoblamiento haya sido abastecido por las mueblerías Mignone y Gotta, reconocidos negocios de Luján y amigos de los integrantes de la sociedad.

 

“Para nosotros dos (Benjamín Rols y su esposa) fue muy importante porque nos casamos ahí”. Como relatan, el salón del hotel era utilizado para celebraciones. Aunque no era costumbre, si alguien se acercaba a pedir el lugar para festejos, las instalaciones se encontraban a disposición. Lo que si era hábito para los amigos asociados eran las reuniones de buseca, un guiso oriundo de España muy común en nuestro país. Se reunían desde hacía tiempo a comer. A uno de ellos le gustaba preparar la comida durante la semana, la colocaban en toneles y todos los días comían el preparado. Tal vez esa fue la chispa que prendió la idea de un hotel, con la ilusión de un restaurante o un lugar de comida en donde pudieran reunirse a comer los sábados a la noche, como acostumbraban a hacer las reuniones en familia en el edificio de la Avenida.

 

El hotel contó con la presencia de varios personajes de renombre, como la actriz española Carmen Sevilla, que se hospedó para la realización de una película. Además, continuas visitas del dueño de Burberry (reconocida marca de ropa de pilotos inglesa) se hicieron presente, Ireneo Leguizamo, y el dueño de la famosa e  importante tapicería Visconti de Buenos Aires.

 

La popular panadería Rols estaba en constante relación con el hotel ya que todos los hermanos Rols tenían una sucursal a cargo y estaban asociados. Por ese motivo, tanto de forma efectiva como con mercadería, todos aportaban para el funcionamiento seguro de la hotelería.

 

En la década del ‘70 el hotel pasó a manos de otros dueños. Se vendió a causa de evitar problemas ya que los socios habían empezado a fallecer. Como eran tiempos en donde la economía argentina estaba atravesada por el rodrigazo, el valor del hotel se vio reducido y fue vendido a un bajo costo. Los nuevos dueños correspondían a la sociedad que armó Sixto Cuevas junto con Gilberto Buela, Abel Rossini, Expósito, Massera y otros 13 socios. Era una sociedad anónima con diferentes porcentajes, la cual sus miembros compartían muchos momentos juntos, como visitas y paseos. En ese momento se acomodó apenas internamente, donde en la recepción Titín Barca y Luis Maggi, eran los encargados del hotel.

 

Luego, a fines de la década del 80, el hotel volvió a ser vendido. Quedó en manos de Ronaldo Rosi Montero en sociedad con gente que provenía de Capital Federal pero por muy poco tiempo, ya que decidieron vender su parte y el nuevo propietario pasó a ser Verdejo. En este período el hotel fue reformado y a mediados de los ‘90 funcionaron en las instalaciones del Hotel Real las oficinas de Pami, ya que la obra social no tenía una locación adecuada para su actividad.

 

Cuando Pami dejó de utilizar las instalaciones el hotel quedó abandonado ya que las 25 habitaciones no eran rentables y la reconstrucción costaba mucho dinero. En el 2009, sus estructuras fueron cedidas para la filmación de la película There Be Dragons. Después de más de 15 años, el hotel cambió de dueños.

 

Fue exactamente hace tres años cuando se realizó la última compra del Hotel con el fin de restaurarlo para lograr abrir otra vez sus puertas. En 2012 se comenzó la refacción acorde al estilo colonial que caracteriza la zona, y además, se agregó un piso el cual completaría las 34 habitaciones con la que cuenta hoy en día.

 

El diseño de la reconstrucción se limita a la intención de respetar la edificación antigua: se cambiaron hasta las aberturas y se copió el mismo criterio de las originales. Además, se pintó e iluminó la gran obra, mencionada antes, que contiene la réplica de la escena de La Cazadora. “De hecho en algún momento se pensó poner la recepción frente al mural pero la hubiera tapado. Nos dio lástima. Entonces pensamos que estaba bueno que la gente entre y vea el mural en su plenitud sin la recepción adelante.”Explicó Pablo Veloso, encargado del start up del hotel.  

 

Categorizado de 3 estrellas pero con servicios de categoría superior, el Hotel Real cuenta con 34 habitaciones, la gran mayoría con vista al exterior, servicio de desayuno, room service, 2 lobby bar y en breve un restaurant con patio al aire libre. Además, tiene servicio de conserjería y recepción 24 horas con un staff fijo de 13 empleados. También brinda la propuesta para eventos corporativos ya que trabaja con empresas desde lo individual y también grupos intermedios, ofreciendo el espacio del salón principal para reuniones con capacidad entre 30 y 40 personas (en relación con la capacidad de habitaciones del hotel). Por otro lado, va a continuar, como se acostumbraba hace varias décadas, con la posibilidad de realizar diferentes eventos como casamientos y cumpleaños, entre otras opciones, en el salón del restaurant.

 

Hace apenas un mes se realizó la inauguración del hotel y en su corto tiempo ya registró buenos comentarios del servicio y la estructura edilicia por parte de sus clientes. Todavía falta terminar el restaurant, parte de la cual se atrasó ya que debieron edificar los sanitarios y eso hizo que se atrasara toda la obra en general. Cuando sus puertas ya se encuentren abiertas la idea es ofrecer a toda la comunidad un buen servicio con comidas típicas de la región y continuar con la tradición de las reuniones de buseca.

 

“Básicamente la diferencia que acá uno está durmiendo en un hotel histórico. Eso es un plus importante al momento de elegir, también la ubicación es fabulosa, al igual que la vista desde los cuartos.” Comentó Pablo.

Con un salón elegante que deslumbra y con varios cuadros de nuestros artistas lujanenses que resaltan sus paredes blancas, el hotel se compone de un mobiliario contemporáneo con colores contrastantes,  en el cual ningún cuarto es igual al otro al tratarse de un edificio histórico. Es por eso que guardan características particulares todo los cuartos, que van desde los 28 m2 a los 35 m2 siendo la denominada suite Francisco como la más grande, una de la más grande del destino que cuenta solamente con una terraza de unos 30 metros cuadrados con vista única a la Basílica.

 

 

Agradecimientos a: Benjamín Edmundo Rols, Abel Derlis Rossini, Ronaldo Rosi Montero y Pablo Veloso

 

Por Josefina De Mattei

 

 

 

 

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